dilluns, 7 de febrer del 2011

La fábrica.

Y yo, José Muñoz, un joven de 23 años, que está metido en la droga, sí, un gran error, pero las malas influencias me llevaron a ese mundo, y no pude escapar de él, se apoderó de mí.
De esto ya hará unos 6 años, pero esta historia es tan real como la luz del sol.

En aquella fábrica de lo alto del monte, una especie de central nuclear en un polígono industrial de una sola nave, solitario y apartado de cualquier cosa parecida a un humano en unos kilómetros a la redonda. Debía haber sido d hace unos años, porque la actividad nuclear clandestina que se llevaba a cabo allí fue desmantelada y cerraron de immediato. La típica nave  que nadie visita, y que , si la ve alguien, pasa desapercibida. Poca gente en la ciudad de Valladolid, sabía que se escondía en aquella nave abandonada, de aspecto vulgar, con las letras aun, pintadas de Euramui, Tanaro & Ahikiro S.L Era una empresa koreana, que realmente escondía la palabra uranium.

Al caso. Un dia cualquiera, yo iba a proseguir con mis envios de cocaína, como malmetido que estaba en aqueĺ negocio, y mi jefe, Marcos, se fijó en mi, como uno de sus mejores, hombres que era. Nuestra sede y residencia se encontraba en Andorra, un país poco controlado, fácil para esconder ese tipo de material. Entonces, me mandó hacer una entrega muy importante, a España, en Castilla la Mancha, capital. No conocía mucho aquella zona, pero el curro es el curro, que se le iba a hacer. me mandaron a mi buen amigo Jorge para cubrirme las espaldas, ya que esa sería una entrega peligrosa, porque en España el uso y tráfico de drogas estaba muy castigado.
En ese febrero, finales de febrero de 2004 empezó todo. Cruzamos la frontera sin problemas, y hicimos un alto en el camino en Aragón, justo cruzada la frontera. Estuvimos un mes yendo en coche por el país, y teníamos una reserva en un hotel céntrico de Madrid, para no estar lejos del lugar de entrega y para poder residir un tiempo. Hicimos turismo por allí un tiempo, ya que yo era de Galícia y no conocía la capital. El día 11 de marzo nos dispusimos a coger el metro, sobre las 8 de la mañana, que nos dejaría en el sitio pactado con unos colegas para ir hacia el sitio de la entrega. Yo bajé en la parada de la puerta del Sol, para recoger algunas provisiones, y Jorge siguió, haciendo algo de turismo, y dijimos que a las dos del mediodía nos encontraríamos en el sitio pactado. Fui a un super a comprar algo de comida, y cogí un taxi hacia el sitio pactado. Llegué allí antes de lo que esperaba, a las 12 i media. Al rato de esperar allí, escuché  un estallido lejano y muy fuerte, ya que yo estaba en las afueras de Madrid, esperando el coche a las dos y a mi amigo Jorge. Las ambulancias y la policía empezaron a pasar por delante mío. Estaba preocupado. Llamé a Jorge. No respondía. Unos minutos más tarde, en un bar cercano, vi que en la televisión anunciaban un ataque terrorista, de ETA, en la estación de tren de Atocha, y que no había supervivientes. Lo entendí todo. Mi amigo Jorge se había ido por un ataque terrorista. Estaba destrozado. Me prometí a mí mismo que ese sería mi último trabajo, y  que con el dinero que ganara con ese trabajo tiraría hacia adelante.
A las dos llegó el coche para ir hacia Valladolid, y le expliqué lo sucedido. Cuando llegamos allí, fuí hacia el sitio indicado, y con cautela, y con mi pistola desenfundada. Fuí rodeando la fábrica, y me di cuenta de una cosa: las iniciales de cada una de las personas de esa empresa formaban la palabra ETA! Lo ligué todo, y sabía quien me esperaba dentro. Cuando entré, me aguardaron dos tipos que me condujeron hacia el supuesto' Jefe de Sucursal' etarra. Cuando llegué a él, le entregué la droga, y me dió unas bombas, para mi jefe, que eran la prueba de que había hecho bien el trabajo. Me las dió, y con ellas un buen fajo de billetes. Yo no pensaba lleevar esas bombas hasta Andorra. Quedarían allí, como venganza de mi amigo. Las dejé en el suelo, y cuando los dos guardas lo vieron vinieron hacia mi disparados. Los disparé a los dos con dos tiros certeros y quedaron en el suelo, retorciéndose de dolor. Desde fuera, lanzé una bala a la bomba, y la fábrica voló en mil pedazos. Desde entonces, empecé una vida nueva.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada